PREGÓN NAVIDAD
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PREGÓN DE NAVIDAD 2011

Pregonero:

Don Antonio Guardiola Lozano

Doctor en Derecho

PREGÓN DE NAVIDAD

16 de diciembre de 2012

Tercer Domingo de Adviento

 

IGLESIA MAYOR DE SANTIAGO APÓSTOL

JUMILLA

 

 

LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO

 

 

 

 

-      Reverendo Padre Sr. Cura Párroco de esta Iglesia Mayor de Santiago Apóstol

 

-      Excelentísimo Sr. Alcalde Presidente del Ayuntamiento de Jumilla

 

-      Sr. Presidente de la Asociación Belenista San Francisco de Asís de Jumilla

 

-      Ilustrísimas Autoridades, familiares y amigos,

 

 

AGRADECIMIENTOS

 

Antes de comenzar debo agradecer sinceramente a  la Asociación Belenista San Francisco de Asís de Jumilla y a nuestro querido “Frasqui”, que tan acertadamente la preside, el honor de haberme propuesto para dar este año el Pregón de Navidad.

 

También quiero felicitar a dicha Asociación, expresa y públicamente,  por el tesón y buen hacer que desempeña en la defensa y divulgación de las tradiciones ligadas a la Natividad de Nuestro Señor.

 

Igualmente agradezco a mi buen amigo Jesús Guardiola Soler sus emotivas y gratas palabras de presentación.

 

No obstante, si la gran amistad que nos une le hubiera hecho sobrevalorar mis capacidades les ruego que se lo disculpen, pues habrá sido solo producto de su afecto y buena voluntad.

 

En consecuencia, espero no defraudar ni la confianza depositada en mí por los primeros ni las expectativas que haya podido generar en ustedes el segundo.

 

En cualquier caso, los fallos y deficiencias que pudieran darse en la exposición solo deben imputarse a las limitaciones del que ahora les habla, cuya tarea no es fácil a la vista de la gran calidad literaria, evocadora y emotiva de los pregones de años pasados.

 

La Navidad es para todos nosotros una época hermosa, de alegría. Como ya sabemos, celebra año tras año, aunque nunca nos cansa, la Natividad de Nuestro Señor Jesús. Y porque es de alegría, aunque parezca un contrasentido, nos hace recordar con nostalgia y añoranza a los seres queridos que nos faltan. Pero les debemos recordar también con la misma alegría con la que ellos vivían también esta celebración. Idéntica alegría con la que ellos, estoy seguro, hubieran deseado que les recordemos.

 

Pero si para todos esta época nos impregna, con mucha mayor razón lo es para los niños. No podía ser de otra manera cuando el eje central de la celebración es el nacimiento de un niño, el Niño Dios. Pero niño al fin y al cabo, con el que la mente y el corazón infantil se identifican de manera natural sin esfuerzo alguno.

 

 Estoy seguro de que si a cualquiera de los presentes nos pidieran en este momento plasmar en un folio, y brevemente, nuestras vivencias personales de Navidad, la mayor parte de ese breve texto contendría nuestros recuerdos de la infancia, con preferencia sobre cualesquiera otros, y, entre ellos estarían la celebración de las fiestas con nuestra familia y amigos, pero sobre todo con nuestra familia. 

 

El que les habla recuerda perfectamente:

 

- La espera de las vacaciones escolares que parecía que no llegaban nunca.

- El ajetreo y el trajín de las casas preparando nuestras suculentas "frioleras", que entonces solo se hacían por Navidad.

- La preparación del Belén, que en mi caso contaba con la ayuda de mis compañeros del Colegio San Francisco de Asís, colegio que aún pervive adaptado, como es lógico, a los modelos educativos de nuestro tiempo.

- Y, sobre todo, la celebración de la Nochebuena, los villancicos y la felicitación de las Pascuas el día de Navidad a mis abuelos y tíos, ya que el hecho de que los viera con mucha frecuencia, cuando no a diario, no restaba ni un ápice de novedad y emoción a la visita de ese día.

 

Y para qué hablar del día de Reyes. Esa maravillosa tradición que con el agasajo a los niños de la familia, y por extensión a los familiares y amigos, rememora los presentes de oro, incienso y mirra que los Tres Reyes Magos entregaron al Niño Jesús.

 

En mi caso el desarrollo de la cuestión tenía connotaciones especiales y ya sabemos que el Rey Mago de cada uno imprime carácter.

 

Yo soy del club de “fans” del Rey Baltasar, del Rey Negro, y lo seré toda mi vida. 

 

¡Cómo no lo voy a ser!, si durante muchos años era él, personalmente, el que la mágica noche de Reyes se hacía presente cuando yo ya estaba acostado.

 

Aquel niño, en estado de agitada vigilia, simulaba que dormía. Ya pueden imaginar ustedes que dormir, lo que se dice dormir, era de todo punto imposible.

 

Y como los Reyes tenían, además, la sana costumbre de no tener hora fija de aparición, ello añadía al alma infantil grandes dosis de expectación, que acrecentaban todavía más el nerviosismo de la espera.

 

Pero sí, amigos, al final el impaciente desvelo tenía su compensación:

Se escuchaba la llamada en la puerta. El Rey Baltasar hacía acto de presencia y, -con mucha prosopopeya, seriedad  y boato, o al menos así me lo parecía a mí y eso es lo que importaba-, preguntaba si era allí donde vivía un niño llamado  A.G.L y, - en presencia de mis padres que habían salido a abrirle la puerta, detalle a tener muy en cuenta-, me hacía un “repasico de conducta" y me entregaba los presentes que traía para mí, entre los que casi siempre había alguno de los que había pedido en mi carta a los Reyes. .

 

Mi infantil estado de ánimo ya se lo pueden imaginar. No sabía si reír de alegría o llorar de emoción y sobrecogimiento. Pero al final imperaba lo primero y daba las gracias al Rey haciendo promesa, solemne para mí, de buen comportamiento para el año siguiente.

 

Ni qué decir tiene que, a lo largo de esos años, cualquiera que intentara solo sugerirme la vana idea de que los Reyes no eran reales, insinuando que eran los padres los responsables de los regalos, era rebatido de inmediato en tamaña locura.

 

¡Me lo iban a decir a mí!, cuando, en mi pequeña experiencia empírica, comprobaba año tras año la escena de la llegada del Rey con mis padres allí presentes, a modo de solemnes testigos. Ellos, que desde el Cielo nos estarán viendo, estoy seguro de que en estos momentos estarán inundados de una inmensa alegría.

 

No recuerdo cuando empezó a visitarme el Rey Baltasar. Pero sí recuerdo cuando dejó de hacerlo. Debió ser, para él, en el momento en que yo estaba dejando de ser un niño y sus atenciones debían orientarse al cuidado de otros que todavía lo eran. A partir de ese momento fueron mis padres, familiares y amigos los que asumieron sus cometidos. Pero no he dejado de recordar a mi Rey Baltasar ni un solo año de mi vida.

 

También les puedo asegurar que jamás supuso para mí trauma ni decepción de ningún tipo el desenlace que les acabo de narrar.

 

Por ello creo que no debemos hacer oídos a cantos de sirena  y que no debemos poner en almoneda tan bella tradición, -que también tiene un profundo sentido teológico-, en beneficio de otras que nos vienen importadas, también respetables, pero que carecen de la profundidad religiosa del mensaje que transmite la fiesta de la Epifanía de los Reyes Magos.

 

Gracias, mi Rey Baltasar. Gracias Rey Baltasar Bendito,  en lengua latina “Benedictus” que significa “bien nombrado” y de donde en español viene el nombre de Benito con el que te  seguí nombrando el resto de mi vida, desde aquel lejano día en que dejaste  de visitarme cada año.

 

Mil gracias por esos imborrables momentos de felicidad que imprimiste en mis años de infancia y espero que tú, que todo lo ves desde el Cielo, admitas con la bondad que te caracterizaba, el pequeño homenaje  que hoy te hace aquel niño que todos los años esperaba tu llegada preso de emoción y nerviosismo.

 

Dicho lo cual, a continuación nos adentraremos en el objeto fundamental de este acto: el Pregón de Navidad de este año.

 

PREGÓN

 

Pregonar es, según el diccionario de la lengua española de la RAE, "publicar, hacer notoria en voz alta una cosa para que llegue a conocimiento de todos",

 

y pregón es la "promulgación o publicación que en voz alta se hace en los sitios públicos de una cosa que conviene que todos sepan".

 

Para más precisiones sobre la naturaleza y origen de esta voz me remito al magnífico y aleccionador pregón con el que, sin menoscabo de la calidad de los pregones de otros años, nuestra paisana ISABEL MIRA ORTÍZ nos obsequió en la Navidad de 2009.

 

PURIFICACIÓN DE LA VIRGEN

Y

PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS

EN EL TEMPLO

 

Este año, siguiendo los Misterios Gozosos del Santo Rosario, el tema de fondo que corresponde al pregón es el relativo al cuarto misterio que, como todos conocen, se refiere a "la purificación de la Virgen y la presentación del Niño Jesús en el Templo", que, como tantos otros momentos del Antiguo y el Nuevo Testamento, ha sido inspirador de importantes obras artísticas.

 

Plasmaron el acontecimiento artistas de la talla de RAFAEL,  Hans MEMLING, Giovanni BELLINI, Luis MORALES y Lorenzo PASINELLI.

Es éste un hecho cronológicamente algo alejado del Misterio que se celebra con motivo de la Natividad de Nuestro Señor, pues el mismo tiene lugar a los cuarenta días de su Nacimiento.

 

La propia liturgia de la Iglesia Católica celebra dicho acontecimiento el 2 de febrero de cada año, cuarenta días después del 24 de diciembre.

 

En dicho día el Índice Litúrgico marca como lectura obligada, entre otras, la correspondiente al capítulo 2, versículos 22 a 40 del Evangelio según San Lucas, que más adelante vamos a comentar.

 

Este año el pregonero no puede desplegar en la parte central de la exposición el arsenal “emotivo” y “vivencial” que, desde nuestra niñez y a lo largo de nuestra vida, evocan otros temas de años anteriores como la Adoración de los Magos (2011), la caravana de los Reyes Magos (2010), la Adoración del Niño Jesús (2009), la Anunciación a los pastores (2008) o el Nacimiento (2007), todos ellos en el núcleo de la Natividad del Señor, e íntima e inseparablemente unidos a la representación del Belén.

 

Pero no seré yo quien, indisciplinadamente, trate de minimizar la importancia del tema a tratar, amparándome en las “querencias” y experiencias que, de manera natural y lógica, nos acompañan en nuestro acervo vivencial estas señaladas fechas.

 

En consecuencia, paso a adentrarme en el tema del pregón, no sin antes advertir que tanto mi formación como mi experiencia profesional corresponden a otros ámbitos distintos a los que hoy deben tratarse.

 

Y como no  desearía incurrir en ligereza al tratar la materia, y mucho menos en error, basaré mi exposición: en primer lugar en la fuente principal, el texto del Evangelio de San Lucas[1] (según la versión oficial de la Santa Biblia publicada por la Conferencia Episcopal Española); en segundo lugar en los comentarios que sobre el tema hace el Papa Benedicto XVI, en su reciente libro sobre la infancia de Jesús (tercero y último de su trilogía sobre la vida de Nuestro Señor)[2]; y, en bastante menor medida, en la catequesis sobre el tema del Beato Juan Pablo II de 1990 y las opiniones de algunos expertos estudiosos del Nuevo Testamento.[3]

 

I.- En el EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS, el Capítulo 2, se titula Circuncisión y presentación de Jesús en el Templo

Esta sección del  evangelio de Lucas reúne tradiciones muy diversas. Una gran parte corresponde al evangelio de la infancia (Lc1,5-2,52). También el evangelio de Mateo (1-2) tiene varios relatos sobre este período de la vida de Jesús, aunque son muy diferentes de los de Lucas. Marcos y Juan no dicen nada sobre los primeros años de Jesús[4]. 

Nos narra San Lucas que:

 

21Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

 

22Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”, 24y para entregar la oblación, como dice la Ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones”.

 

Lucas sigue diciendo que:

 

25Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. 26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.

 

27Impulsado por el Espíritu, fue al Templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, 28Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

 

29“Ahora Señor, según tu promesa

     Puedes dejar a tu siervo irse en paz.

30Porque mis ojos han visto a tu Salvador,

31a quien has presentado ante todos los

pueblos;

32luz para alumbrar a las naciones

y gloria de tu pueblo Israel”.

 

En este punto -nos dice el Beato Juan Pablo II- el evangelista pone en boca de Simeón el “Nunc dimittis”, cántico por todos conocido, que la liturgia nos hace repetir cada día en la hora de Completas, cuando se advierte de modo especial el sentido del tiempo que pasa. Las conmovedoras palabras de Simeón, ya cercano a “irse en paz”, abren la puerta a la esperanza siempre nueva de la salvación, que en Cristo encuentra su cumplimiento;.......Es un anuncio de la evangelización universal, portadora de la salvación que viene de Jerusalén, de Israel, pero por obra del Mesías-Salvador, esperado por su pueblo y por todos los pueblos”.[5]

 

Continúa San Lucas diciendo:

 

33Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 34Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:

 

Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción 35-y a ti misma una espada te atravesará el alma-, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones”.

 

36Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, 37y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. 38Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

39Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40El Niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él”.

 

II.- COMENTARIOS

 

A.- Sobre el citado texto de San Lucas BENEDICTO XVI[6] nos comenta en el libro antes citado:

 

Lucas concluye el relato del nacimiento de Jesús narrando lo que siguiendo la ley de Israel, sucedió con Jesús el octavo y el cuadragésimo día.

 

El octavo día es el de la circuncisión. Por tanto, Jesús es acogido formalmente en la comunidad de las promesas que proviene de Abraham; ahora pertenece también jurídicamente al pueblo de Israel…..Junto a la circuncisión, Lucas menciona explícitamente la imposición del nombre previamente anunciado, Jesús –“Dios salva” (cf. 2,21)-,.....

 

En el cuadragésimo día hay tres acontecimientos: la “purificación” de María, el “rescate” del hijo primogénito Jesús mediante un sacrificio prescrito por la Ley y la “presentación” de Jesús en el templo.

…………

En el Libro del Levítico se establece que una mujer, después de dar a luz un varón, es impura (es decir, excluida de las prácticas litúrgicas) durante siete días; el octavo día el niño ha de ser circuncidado, y la mujer deberá quedarse en  casa todavía treinta y tres días para purificar su sangre (cf. Lv 12, 1-4). Después debe ofrecer un sacrificio de purificación….Los pobres solo tienen que ofrecer dos tórtolas o dos pichones.

 

María ofreció el sacrificio de los pobres (cf. Lc 2,24).  Lucas, cuyo evangelio está impregnado todo él por una teología de los pobres y de la pobreza, nos da a entender aquí, una vez más de manera inequívoca, que la familia de Jesús se contaba entre los pobres de Israel;…..María no necesita ser purificada por el parto de Jesús: este nacimiento trae la purificación del mundo. Pero ella obedece la Ley y sirve justamente así al cumplimiento de las promesas.

 

El segundo acontecimiento del que se trata es el rescate del primogénito, que es propiedad incondicional de Dios. El precio del rescate era de cinco siclos y se podía pagar en todo el país a cualquier sacerdote.

 

Lucas cita ante todo explícitamente el derecho a reservarse al primogénito: “Todo primogénito varón será consagrado (es decir, perteneciente) al Señor” (2,23; cf. Ex 13,2s. 15). Pero lo singular de su narración consiste en que luego no habla del rescate de Jesús, sino de un tercer acontecimiento, de la entrega (“presentación”) de Jesús.

 

 Obviamente quiere decir: este niño no ha sido rescatado y no ha vuelto a pertenecer a sus padres, sino todo lo contrario: ha sido entregado personalmente a Dios en el templo, asignado totalmente a Dios en el templo. Suena aquí el elemento del sacrificio y el sacerdocio.

 

Sobre el acto del rescate prescrito por la Ley, Lucas no dice nada. En su lugar se destaca lo contrario: la entrega del Niño a Dios, al que tendrá que pertenecer totalmente. Para ninguno de dichos actos prescritos por la Ley era necesario presentarse en el templo. Para Lucas, sin embargo, es esencial precisamente esta primera entrada de Jesús en el templo como lugar del acontecimiento. Aquí, en el lugar del encuentro entre Dios y su pueblo, en vez del acto de recuperar al primogénito, se produce el ofrecimiento público de Jesús a Dios, su Padre.

 

A este acto cultual, en el sentido más profundo de la palabra, sigue en Lucas una escena profética. El viejo profeta Simeón y la profetisa Ana –movidos por el Espíritu de Dios- se presentan en el templo y saludan como representantes del Israel creyente al “Mesías del Señor” (Lc 2,26).

 

A Simeón se le describe con tres cualidades: es justo, es piadoso y espera la consolación de Israel.... Está interiormente cerca del templo, vive en el encuentro con Dios y espera la "consolación de Israel". Vive orientado hacia lo que redime, hacia quien ha de venir.

 

En la palabra "consolación" (paráklesis) resuena la palabra de Juan sobre el Espíritu Santo. Él es el Paráclito, el Dios consolador. Simeón es uno que espera y aguarda, y justamente así se posa ya ahora en él el "Espíritu Santo". Podríamos decir que es un hombre espiritual y, por tanto, sensible a las llamadas de Dios a su presencia. Por eso habla ahora también como profeta. En un primer momento toma al Niño Jesús en sus brazos y bendice a Dios diciendo: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz” (Lc 2,29).

 

El texto,-(el canto "Nunc dimittis", antes citado)- tal como Lucas lo transmite, ya está litúrgicamente acuñado. Desde los tiempos antiguos forma parte de la oración litúrgica de la noche en las iglesias, tanto de Oriente como de Occidente. Y junto con el Benedictus y el Magnificat, transmitidos también por Lucas en el relato de la infancia, pertenece al patrimonio de plegarias de la iglesia judeocristiana más antigua, cuya vida litúrgica llena de espíritu podemos atisbar aquí por un momento.

........

En este himno se hacen dos afirmaciones cristológicas. Jesús es "luz para alumbrar a las naciones", y existe "para la gloria de tu pueblo, Israel" (Lc 2,32).

 

Ambas expresiones están tomadas del profeta Isaías.......Jesús es identificado así como el siervo de Dios,......La esencia de su misión conlleva la universalidad, la revelación a las naciones, a las que el siervo lleva la luz de Dios. La referencia a la gloria de Israel se encuentra en las palabras de consuelo del profeta y está dirigida al Israel atemorizado, al cual se le anuncia una ayuda mediante el poder salvador de Dios (cf. Is 46,13).

 

Simeón, con el niño en brazos, tras haber alabado a Dios, se dirige con una palabra profética a María, a la que, después de las muestras de alegría por el niño, anuncia una especie de profecía de la cruz (cf, Lc 2,34s). ..... Al final le dirige a la madre una predicción muy personal: "Y a ti una espada te traspasará el alma." La teología de la gloria está indisolublemente unida a la teología de la cruz. Al siervo de Dios le corresponde la gran misión de ser el portador de la luz de Dios para el mundo. Pero esta misión se cumple precisamente en la oscuridad de la cruz.

.........

La oposición del hombre contra Dios recorre todo la historia. Jesús se revela como el verdadero signo de Dios, precisamente tomando sobre sí, atrayendo hacia sí la oposición contra Dios hasta la oposición de la cruz.

Aquí no se habla del pasado. Todos nosotros sabemos hasta qué punto Cristo es hoy signo de una contradicción que, en último análisis, apunta a Dios mismo. Dios es considerado una y otra vez como el límite de nuestra libertad, un límite que se ha de abatir para que el hombre pueda ser totalmente él mismo. Dios, con su verdad, se opone a la multiforme mentira del hombre, a su egoísmo y a su soberbia.

 

Dios es amor. Pero también se puede odiar el amor cuando éste exige salir de uno mismo para ir más allá. El amor no es una romántica sensación de bienestar. Redención no es "wellness", un baño en la autocomplacencia, sino una liberación del estar oprimido en el propio yo. Esta liberación tiene el precio del sufrimiento de la cruz. La profecía de la luz y la palabra acerca de la cruz van juntas.

.......

Junto al profeta Simeón comparece la profetisa Ana, una mujer de ochenta y cuatro años que, después de estar siete años casada, vivía viuda desde hacía decenios. "No se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones" (Lc 2,37).

..........

De este modo, es realmente una mujer colmada de Espíritu, una profetisa. Puesto que vive en el templo -en adoración-, está allí cuando llega Jesús. "Presentándose en aquel momento daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén" (Lc 2,38). Su profecía consiste en su anuncio, en la transmisión de la esperanza de la que ella vive.

 

Lucas concluye su relato del nacimiento de Jesús, del que formaba parte también el cumplimiento de todo lo que se debía hacer según las prescripciones de la Ley (cf. 2,39), hablando del retorno de la Sagrada Familia a Nazaret. "El niño iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él" (2,40)".

 

Hasta aquí los comentarios de Benedicto XVI.

 

 

B.- CUMPLIMIENTO DE LA LEY:

 

Los hechos narrados tienen como motivación principal el cumplimiento escrupuloso, incluso con exceso, de la Ley Mosaica, la ley que, en tanto que judíos nacidos bajo la misma, obligaba también a  Jesús, a María y a José.

Tal comportamiento tiene su expresa manifestación cuando el propio Jesús, en el Sermón de la Montaña, de acuerdo con el relato del Evangelio según San Mateo, dice:

 

“No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”[7].

 

“En este pasaje se expone de manera programática la actitud de Jesús ante la Ley, cuestión de enorme importancia para una comunidad judeocristiana: él no pretende abolir la ley, sino darle plenitud, interiorizando su cumplimiento, subrayando la importancia del amor y elevando sus exigencias”[8].

 

 

II.- SOBRE LA FAMILIA

 

Hemos visto como la Sagrada Familia cumple con la Ley. Esa Sagrada Familia que podemos considerar como un paradigma y modelo a seguir por la familia cristiana.

 

Sagrada Familia que, por voluntad Divina,  tiene el inmenso privilegio de acoger en su seno al Niño Dios, pero que le cuida y le protege; que goza y también sufre hasta el extremo por y con Él, pero que nunca le abandona, aunque sea siguiéndole a distancia mientras Él va desarrollando su misión.

 

Pero una Sagrada Familia que, aparte de su principal y excelsa misión, actúa también como cualquier familia obra desde el comienzo de los tiempos: acogiendo a todos sus miembros, dándoles protección, cuidado y amor; enseñándoles a los más jóvenes con el valor inmenso del buen ejemplo; siguiéndoles en su desarrollo y crecimiento y acompañándoles en lo bueno, en lo malo y en la consecución de sus propias metas personales.

 

La familia, fundamental institución social que ha pervivido en todos los tiempos, lugares y formas de organización humanas y por ello es considerada como Institución de Derecho Natural.

 

Pero que en los últimos tiempos está sufriendo intensos ataques unas veces explícitos, las menos, y otras veces de manera insistente pero velada, las más, por parte de quienes desearían una organización social familiarmente  desestructurada. Una sociedad en donde el individuo, solo y aislado, esté privado de la transmisión de valores y pautas de conducta que el crisol familiar ofrece; y que, equivocadamente autoconvencido de ser el centro de la creación, llegue a ser dúctil, maleable y fácil presa de consignas que faciliten la tarea para que pueda ser manipulable y dirigible, -en beneficio de intereses nunca explícitamente declarados-, mientras erróneamente le han hecho creer que él es el principio y el fin de todas las cosas.

 

Personalmente creo que conviene estar prevenidos y alerta, pero también pienso que si hasta ahora la institución de la familia ha sobrevivido a lo largo de los milenios, adaptándose a los requerimientos de cada momento histórico pero conservando su esencia fundamental, difícil tarea tienen quienes atentan contra ella.

 

Merece la pena recordar lo que Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) decía al respecto.

 

Chesterton, inicialmente cómodo en su agnosticismo victoriano que había respirado en casa de sus padres, se acercó a la religión gracias a la que más tarde sería su esposa, Frances Blogg, clave en su conversión al catolicismo.

 

Decía Chesterton que “quien habla contra la familia no sabe lo que hace, porque no sabe lo que deshace”.

 

Y que “el lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia”.

 

III.- REFERENCIAS AL PORTAL DE BELÉN

 

Y ya para terminar, no quiero finalizar sin hacer mención a unos hechos del pasado mes de noviembre, coincidiendo con la publicación del libro de Benedicto XVI sobre la Infancia de Jesús.

 

Un buen día, como imagino que recordarán los aquí presentes, comenzaron a aparecer, tanto en la prensa escrita como de internet, alarmistas titulares del siguiente tenor:

 

-      “El Papa elimina el buey y el asno”.

-      “El buey y el asno, en paro”.

-      “Benedicto XVI rediseña el nacimiento”.

-      “El Papa desmonta el Belén”.

-      “El Papa desarma el Belén”,

-             “El Papa afirma que no había mula ni buey en el portal de Belén".[9]

-             “Los obispos españoles animan a mantener el buey y la mula en los belenes…. pese a que el Papa dice en su libro que en el portal de Belén no estaban”.[10]

-              

Ante tamañas noticias confieso que es fácil que a uno le entre un cierto desasosiego y quede perplejo formulándose preguntas del siguiente tenor:

 

-             ¿Será posible que el Romano Pontífice nos esté sacando de un error secular, milenario diría yo, y que ninguno de sus predecesores se hubiera percatado de tal error?

 

-             ¿Por qué hemos mantenido y transmitido esta tradición generación tras generación, sin aparente base para ello?

 

-             Y, es más, ¿cómo es posible que los obispos españoles se declaren en rebeldía y en flagrante desobediencia ante lo manifestado por el Papa?

 

Si tienen curiosidad al respecto les sugiero que tecleen la frase “el buey y la mula” en su buscador de internet y comprobarán de lo que estoy hablando.

 

Pues bien, la acción inmediata para tratar de resolver semejantes dudas comienza, y en este caso termina, con la comprobación de qué es lo que Benedicto XVI dice al respecto en su libro, (cuya lectura aconsejo ya que no en balde su autor es, además de un gran teólogo un magnifico profesor y pedagogo, capaz de transmitir las ideas más complejas en un estilo claro y sencillo, sin perder un ápice de rigor y profundidad en el mensaje).

 

Sobre este tema dice el Papa  en lo que él mismo califica como “pequeña divagación”:

 

María puso a su niño recién nacido en un pesebre (cf. Lc 2,7). De aquí se ha deducido con razón que Jesús nació en un establo, en un ambiente  poco acogedor –estaríamos tentados de decir: indigno-, pero que ofrecía en todo caso la discreción necesaria para el santo evento. En la región en torno a Belén se usan desde siempre grutas como establos (cf. Stuhlmacher, p.51).

 

Ya en Justino mártir…y en Orígenes…encontramos la tradición según la cual el lugar del nacimiento de Jesús había sido una gruta, que los cristianos situaban en Palestina.

                …..

Como se ha dicho el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. En el Evangelio no se habla en este caso de animales.

 

Seguidamente Benedicto XVI hace un breve análisis, poniendo en relación el Antiguo y el Nuevo Testamento, para finalizar diciendo:

 

En la singular conexión entre Isaías, Habacuc, Éxodo y el pesebre, aparecen por tanto los dos animales como la representación de la humanidad, de por sí desprovista de entendimiento, pero que ante el Niño, ante la humilde aparición de Dios en el establo, llega al conocimiento y, en la pobreza de este nacimiento, recibe la epifanía, que ahora enseña a todos a ver.

 

Y termina Benedicto XVI comentando lo siguiente:

 

La iconografía cristiana ha captado ya muy pronto este motivo. Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno.

 

Como hemos visto nada tiene que ver la alarmista expresión de los citados titulares con lo que Benedicto XVI nos dice en su libro. Solo son verdades a medias que únicamente tienen dos interpretaciones: o han sido hechas sin leerse el libro, con lo cual son producto de la negligencia y el desconocimiento profesionales, o han sido formuladas previa lectura del mismo, en cuyo caso estaríamos, una vez más, ante un caso de mala fe de aquellos que, importándoles poco o nada el contenido de lo escrito por Benedicto XVI, solo pretenden crear confusión y desinformación. No obstante he de reconocer que también ha habido medios informativos que han tratado el tema con rigor y objetividad.

 

Así que, estimados paisanos, perded cuidado que podemos seguir manteniendo en nuestros belenes la secular presencia, falsamente controvertida, de tan queridos animales, cuya primeras representaciones conocidas datan del s. IV d.C.[11]

 

Y ya para terminar, les pido disculpas por las expectativas que alguno de los presentes hayan podido ver defraudadas, en cuyo caso espero que no lo consideren como un adelanto de la festividad de los Santos Inocentes.

 

Con ello doy por finalizado este pregón, no sin antes agradecerles su paciencia y buena predisposición, confiando en no haber abusado de las mismas y en que su atención no se haya debido solamente a la solemnidad del lugar y del momento.

 

Muchas gracias a todos y FELIZ NAVIDAD

 

En Jumilla a 16 de diciembre de 2012.

Tercer Domingo de Adviento.

 

 

Antonio Guardiola Lozano

 


 

[1]Sagrada Biblia. Evangelio según San Lucas, 2,21-40. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. BAC. Madrid 2011.

 

[2] RATZINGER, Joseph. Benedicto XVI. La infancia de Jesús. Edit. PLANETA. Noviembre de 2012.

[3]GARCÍA-VIANA, Luis Fernando. "Presentación de Jesús", en COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO (Guijarro Oporto, Santiago; Salvador García, Miguel.  et aa. Ed. LA CASA DE LA BIBLIA. 1995).

 

[4]GARCÍA-VIANA, Luis Fernando.Op. cit.:

 

[5] CATEQUESIS BEATO  JUAN PABLO II-1990.

 

 

[6] RATZINGER, Joseph. Op. cit. pp. 87 a 94.

[7]Mateo, 5,17: “Sermón de la Montaña”….”Jesús  y la Ley”. Sagrada Biblia C.E.E. Ob. cit.

[8]Sagrada Biblia C.E.E. Comentario a Mateo, 5,17. Ob. cit.

[9]El PAIS-Madrid

[10]El periódico.com

 

[11]Se encontraron una en 1877, en un trozo de sarcófago datado en el año 343 d.C., que fue hallado en las Catacumbas de San  Sebastián en Roma y otra en el sarcófago de Stilicone, del s. IV d.C, que se encuentra en la basílica de San Ambrosio de Milán.

 

 

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