PREGÓN NAVIDAD
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PREGÓN DE NAVIDAD 2010

Pregonero:

Don Juan Francisco Martínez García

Licenciado en medicina y cirugía

PREGÓN DE NAVIDAD JUMILLA, AÑO 2010

Sr. Cura Párroco del Salvador, Ilmo. Sr. Alcalde de Jumilla, Sr. Concejal, Sr. Presidente y miembros de la Asociación Belenista San Francisco de Asís, queridos familiares y amigos.

Agradezco a la Asociación Belenista San Francisco de Asís y en particular a su presidente Francisco Jiménez la invitación para realizar el Pregón de Navidad 2010. También quiero agradecer muy especialmente a Mª Dolores Gil su introducción, como habéis podido comprobar sus palabras rezuman la amistad y el cariño que nos une. Tu presentación Mª Dolores, me da tranquilidad porque me permite corroborar que esta mañana me encuentro rodeado del calor de los amigos.

Cuando me llamó Frasqui para hacerme la grata propuesta de realizar este Pregón, me sentí profundamente honrado y halagado, sentí además una mezcla de alegría y dudas. La alegría, la ilusión, perdura todavía como podéis comprobar; las dudas desaparecieron en unos segundos, los mismos que tardó Santi, mi mujer, en transmitirme su confianza, apoyo y colaboración que ha mantenido desde entonces y hace que hoy sea posible este pregón.

Al preparar estas líneas me venían a la mente, de forma desordenada muchas veces, recuerdos, vivencias, sentimientos, impresiones... Ingredientes todos ellos, que me gustaría ser capaz de seleccionar, mezclar, amasar y hornear como nuestras madres y abuelas han hecho siempre en Jumilla y así poder traeros hoy mi pregón, cual friolera navideña jumillana, de presentación austera, dulce al paladar y preparado en casa con mucho cariño.

De ese cúmulo de pensamientos os traigo esta personal evocación de la Navidad

Días cargados de emoción,

amor, ternura, añoranzas.

¡Fiesta, júbilo, alboroto!

 

Amalgama de aromas y luces,

almendra, vino, azúcar, manteca…

Aire limpio, claro. Allá arriba el castillo.

 

Bufandas, guantes, abrigo,

fría brisa en el rostro,

¿habrá nevado en Santa Ana?

 

Hijos, padres, amigos,

¡alegría, besos, felicitaciones,

música, villancicos, panderetas!

 

Niños, risas, abrazos,

comidas, reencuentros, celebraciones,

prisas, cenas. Misa de Gallo.

Carta a los Reyes Magos,

infancia, magia, ilusión,

cabalgata, nervios, espera… regalos.

 

Belenes grandes y pequeños,

río, montaña, estrella.

ángeles, ovejas, pastores.

 

Por allí vienen los Reyes,

en un rincón el perverso Herodes

y en el centro nace el Niño.

 

¡Vuelve a nacer el Niño en mi corazón!

 

Todo esto y mucho más significa para este jumillano la Navidad.

En estas líneas, que no me atrevo a llamar versos, se podría resumir mi pregón, pero me vais a permitir que me extienda algo más y desarrollar un poco esta lluvia de ideas.

Pregonar la Navidad centrándome en el misterio de la “Caravana de los Reyes Magos”, ésa fue la propuesta y aquí estoy esta mañana del tercer domingo de Adviento, con todos vosotros, en Jumilla, en casa. Aunque desde hace más de treinta años no resido aquí, puedo afirmar que amo profundamente a Jumilla, el pueblo donde nací. Indudablemente el hecho de que Santi sea también jumillana ha facilitado que nunca hayamos perdido el contacto con nuestro pueblo, con sus gentes, con nuestros familiares y amigos, con sus fiestas y con sus tradiciones. Estoy convencido que todo ello imprime carácter y da personalidad, sentimiento jumillano transmitido también a nuestros hijos, que aunque nacidos en Murcia se sienten enraizados aquí. No puedo evitar rememorar que en esta Iglesia de El Salvador bautizamos a Juan Francisco, nuestro primer hijo, el Sábado de Gloria de 1983. Nunca diré en fin que recuerdo Jumilla, porque para mí recordar implica antes haber olvidado y nunca me he olvidado de mi pueblo.

Pregonar la Navidad para que hoy en Jumilla, siga resonando el alegre anuncio del Ángel a los pastores: “os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, el Mesías, el Salvador” (Lc 2,11).

 Pregonar la Navidad con la triple finalidad de anunciar, ensalzar e invitar a todos los jumillanos a celebrar este tiempo litúrgico, ése es mi propósito.

Al escribir el pregón he tenido siempre delante el Evangelio, la Buena Noticia, la mejor de las noticias, que nos anuncia el nacimiento de Dios en la tierra.

Es difícil hablar de Navidad sin caer en tópicos: fiesta emotiva, familiar, reconciliadora; pero también con su otra cara, la fiesta del consumismo exagerado, del despilfarro, de las grandes comilonas, de los excesos… Pero, como dice el P. Dominico Miguel Ángel Gutiérrez, “con todos los tópicos que se quieran, la Navidad es una de las fiestas más importantes, más significativas y preferidas de los cristianos y no deja indiferente a nadie, creyente o no. ¡La Navidad, siempre viste de fiesta nuestra vida! (Pregón de Navidad 2007. Álava)

Todos tenemos una memoria navideña donde vamos grabando entrañables momentos vividos en estas fechas. Busco en mi mente recuerdos de mis Navidades infantiles, en aquellos años 60, donde las calles no estaban tan iluminadas, ni había grandes escaparates ni centros comerciales que nos bombardearan con publicidad.

Hemos pasado en unos años, no muchos, de celebrar la Navidad en casa, a celebrarla casi más de puertas a fuera; de esas calles donde apenas se notaba algo más movimiento que en otras fechas, a unas calles formidablemente iluminadas; hemos pasado también de comidas y cenas en casa, a las comidas y cenas en restaurantes, con grupos de compañeros, amigos, familiares…, incluso los días de Nochebuena y Navidad; hemos pasado de los modestos adornos y pequeños belenes en nuestras casas a los grandes adornos y luces en ventanas, comercios y escaparates; hemos pasado de comer los dulces de navidad (las frioleras jumillanas), sólo en estas fechas, a poder comprarlos durante todo el año; de hornearlos en casa, a fabricarlos industrialmente.

Sí, ha cambiado la forma de celebrar la Navidad, pero no debemos olvidar su verdadero significado, en palabras de Benedicto XVI “La Navidad es el gran acontecimiento histórico y a la vez misterio de amor, que desde hace más de dos mil años interpela a los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar”. (Benedicto XVI. Mensaje de Navidad 2007)

En estos días decimos una y otra vez: “¡Feliz Navidad!”. Es una expresión, una frase que repetimos a menudo y que pese a su reiteración no debemos dejar vacía de contenido, queremos decir y decimos ¡Feliz Navidad!; yo os propongo hoy que, como cristianos, nos olvidemos para siempre del sucedáneo, del genérico Felices Fiestas y usemos siempre el original: ¡Feliz Navidad!

La Navidad, manifestación de Dios como gracia y como salvación, despierta emociones que invaden nuestro corazón: recuerdos y nostalgia por los seres queridos que ya no están y sobre todo alegría por los que volvemos a encontrar en torno a una noche mágica, llena de deseos de amor y paz, de risas, besos y abrazos, de llamadas de teléfono y de mensajes.

La Navidad adquiere su valor cuando la sentimos dentro de nosotros y despierta lo mejor del ser humano, es decir cuando experimentamos la presencia de Dios dentro de cada hombre y cada mujer.

No puedo realizar este pregón sin recordar a San Francisco de Asís. San Francisco enamorado de la dimensión humana de Jesús, decidió, en la Navidad del año 1223, representar el nacimiento en una gruta de la población de Greccio. Cuenta su primer biógrafo, Tomás de Celano, que los vecinos que se acercaron a verlo experimentaron una sensación de alegría, ternura y amor, tan real como si se hubiesen trasladado en el tiempo a Belén, “cada uno volvió a su casa lleno de inefable alegría” narra Celano (Tomás de Celano. Vita prima, op. Cit., n.86, p. 479).

Aquella noche de Greccio recordó a la cristiandad la intensidad y la belleza de la fiesta de la Navidad, y ha ayudado al Pueblo de Dios a comprender su mensaje, que Dios verdaderamente se ha convertido en el “Enmanuel", el Dios-con-nosotros, del que no nos separa barrera alguna. En ese Niño, Dios se ha hecho tan próximo a cada uno de nosotros, tan cercano, que podemos tratarle de tú y mantener con él una relación confiada de profundo afecto, como lo hacemos con un recién nacido.

Desde entonces la tradición del Belén se extendió, gracias a los franciscanos, por todo el mundo cristiano, primero en templos y palacios, luego también en casas particulares. El Belén no es sólo una representación iconográfica, sino una elocuente catequesis que, con mudos personajes, nos habla de lo acontecido hace más de dos mil años, con una riqueza simbólica que va más allá de la mera representación artística. 

Debemos conservar la tradición cristiana del Belén porque representa nuestra fe, nuestra historia, nuestra cultura religiosa. Tradición que se ve reforzada por asociaciones belenistas, como esta Asociación San Francisco de Asís de Jumilla, que hace posible que hoy estemos aquí reunidos anunciando la Navidad.

El Belén ha sido siempre una constante en mis Navidades y trae a mi mente recuerdos muy especiales, tanto visitar Belenes, como poner el Belén en casa.

Entre los Belenes que visitaba siendo niño el del Asilo, me parecía enorme, con tantas figuras, tantos adornos, emanaba amor; recuerdo como anécdota aquel monaguillo mulato de madera que con rítmicos movimientos de cabeza agradecía las monedas que entraban en su hucha. El Belén de la Iglesia de Santiago con sus grandes figuras del que siempre me chocó ver los Reyes a caballo y no en camello. El del Salvador, del que me impresionaban las casas y calles tan reales que parecían contener vida. Disfrutaba también contemplando el Belén de las casas particulares de amigos y familiares. Hoy seguimos visitando Belenes, el del Palacio Episcopal en Murcia y todos aquellos que podemos en nuestros ratos de ocio. Del mismo modo solemos pasear por el mercadillo de Navidad que anualmente se instala en Murcia, para comprar alguna nueva figura, o simplemente ver y comentar detalles y nuevas ideas para nuestro Belén.

Y lo más importante, poner el Belén, si mi participación en esta tarea fue creciendo conforme a mi edad, la ilusión por su montaje ha aumentado en mí muchísimo más. ¡Montar el Belén! o ¡Poner el Belén!, es una expresión que me recuerda que estamos ya cerca de la Navidad, acaba el Adviento y estamos preparando nuestras casas y nuestros corazones para recibir a Jesús.

Al principio me limitaba a preparar la mesita, el papel pintado que simulaba un paisaje estrellado nocturno, ayudaba a sacar la caja del Belén y dejarlo preparado para que cuando llegase mi padre de trabajar, entre él y mi madre lo montasen. Poco a poco mi participación fue en aumento, recoger ramas, piedras, piñas. Desenvolver las figuras, revisarlas, restaurar los posibles desperfectos. No faltaban naturalmente las luces de colores, que con su intermitencia parecían dar movimiento a las figuras, recuerdo con cariño cómo mi padre hacía que coincidiese una bombillita azul con el río, hecho con el papel de plata de las tabletas de chocolate, una roja con la hoguera de los pastores, otras dentro de las casitas de corcho y una luz blanca y grande en el portal.

Cuando nos casamos Santi y yo no tardamos en comprar un nacimiento al que pronto acompañaron los Reyes y luego año tras año fue creciendo el número de figuritas, conformando así nuestro Belén. Y es tal la ilusión que sentimos, ¿verdad Santi? que siempre hemos procurado ponerlo con nuestros hijos, que ellos participasen distribuyendo las casitas, las figuras, realizando hortalizas con plastilina que luego colocábamos en un pequeño huerto realizado con granitos de corcho, también marcando los caminos con piedrecillas, repartiendo el musgo… 

Desde muy pequeñitos primero Juanfran y luego Pedro Javier tenían sus pastorcillos y sus animalitos de plástico con los que jugaban, colocaban y recolocaban a su gusto en el Belén, incluido ese gatito que aparecía cada día sobre uno u otro tejado de las casas de corcho o cartón.

Cuántos momentos hemos dedicado a explicarles el significado de cada una de las figuras, de cada uno de los misterios del Belén. Belén para el que cada año debemos buscar una nueva ubicación un poco más grande, ya que sigue creciendo con nuevas escenas, casas, puentes…, algunos de estos detalles regalo de mis hijos, otros hechos por nosotros. Unos años han sido belenes con ríos de plata, otros con agua de verdad, incluso los pececitos vivos de Pedro Javier dejaron por unos días la pecera para convertirse en esos peces que según el villancico “beben y beben y vuelven a beber”.

A este Belén se ha sumado nuestra afición por coleccionar y regalar nacimientos, nacimientos y belenes de nuestra región y de los lugares a donde viajamos. Así en Navidad en casi todos los rincones de nuestro hogar colocamos uno, el pasado año llegamos a exponer quince de diversos tamaños y procedencia. Antes de que se casasen Juanfran e Isa ya les habíamos regalado un nacimiento, para que no faltase en la primera Navidad en su nuevo hogar.

De manera inseparable al Belén están en mi mente los villancicos, ¿cómo entender la Navidad sin villancicos? Jesús dijo: “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20). En medio de nosotros está Jesús cuando nos reunimos ante el Belén para cantar villancicos. Cuántos recuerdos infantiles de villancicos, de panderetas y zambombas, todavía guardo con cariño la pandereta de mi hermano Eusebio junto a los adornos navideños y año tras año evoco con ella mi infancia. Recuerdos también más tardíos, de mis años del Instituto, donde nuestro 6º curso ganó el concurso municipal de villancicos en la Navidad de 1975, con un villancico compuesto por nuestros compañeros y del que guardo todavía la grabación original de uno de los ensayos, os confieso que aunque yo no cantaba, no me perdía ninguno de los ensayos, porque disfrutaba mucho estando con mis amigos.

La celebración de la Nochebuena es otro de mis momentos más entrañables de la Navidad, la cena de Nochebuena siempre ha significado para mí reunión familiar, unida de forma inseparable a la Misa de Gallo. Seguimos asistiendo, casi siempre en familia, a esta celebración litúrgica, alrededor de la mesa donde la esperanza cristiana de salvación se hace realidad y Dios se hace Hombre. Al acabar la misa la adoración a Jesús, simbolizado en el besapié a la imagen del Niño, que nos transporta en el tiempo y nos transforma en aquellos afortunados pastorcillos de Belén que acudieron a la llamada del Ángel. Recuerdo, así mismo, cómo siempre me ha asombrado oír a Antonia, mi suegra, contar que en Nochebuena no se acostaba en toda la noche, preparando la casa para el día de Navidad, haciendo así realidad el villancico cuando dice “esta noche es Nochebuena y no es noche de dormir”.

El nacimiento de un niño es, o debe ser siempre, motivo de alegría, la familia aguarda ese momento con ilusión, con esperanza. Así, con alegría, ilusión y esperanza debemos recibir el nacimiento de Jesús, es la gran noticia de la Navidad y se repite año tras año desde hace ya más de dos milenios. Él es Dios, pero nace en un pesebre. Él es la Palabra, pero nace en silencio. El Niño Jesús que nace, sin hablar ya nos habla de Dios, nos dice que Dios es un cúmulo de bendiciones y de gracias, nos dice que quiere infinitamente al hombre.

Pero centrémonos ya en la Caravana de los Magos, buscar los orígenes de esta tradición nos lleva al Evangelio de San Mateo. En el capítulo 2, narra cómo unos Magos, guiados por una luminosa estrella, llegaron a Belén para adorar y ofrecer sus dones al recién nacido, burlando al infanticida más temido y famoso de la historia, Herodes. Pero el evangelista no afirma que fueran reyes, ni ofrece detalles concretos sobre su origen, ni su nombre, ni siquiera su número, Mateo sólo pretendía realzar la naturaleza divina y el carácter de Jesús como Mesías, como salvador de toda la humanidad. 

Ha sido la Tradición de la Iglesia, los evangelios apócrifos, las leyendas de la infancia de Jesús, y la interpretación de los Padres de la Iglesia los que han conformado la leyenda de los Reyes Magos, tal como la conocemos en la actualidad: tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar, Baltasar; tres razas; tres edades de la vida... El significado de los regalos a Jesús: oro porque es Rey, incienso porque es Dios, mirra porque es Hombre.

No es mi intención hoy analizar datos históricos, interpretaciones o evidencias sobre los Magos, sino realizar con vosotros una reflexión sobre el mensaje que nos quieren transmitir cada uno de los personajes que intervienen en esta escena, en alguno de ellos podemos vernos identificados.

Rubén Darío, en su poema Tres Reyes Magos, lo interpreta así:

-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.

Vengo a decir: la vida es pura y bella.

Existe Dios. El amor es inmenso.

¡Todo lo sé por la divina Estrella!

 

-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.

Existe Dios. Él es la luz del día.

La blanca flor tiene sus pies en lodo.

¡Y en el placer hay la melancolía!

 

-Yo soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro

que existe Dios. Él es el grande y fuerte.

Todo lo sé por el lucero puro

que brilla en la diadema de la Muerte.

 

-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.

Triunfa el amor, y a su fiesta os convida.

Cristo resurge, hace la luz del caos

y tiene la corona de la Vida.

El pasaje de los Reyes Magos pretende subrayar que la salvación que viene a realizar Dios en la tierra no está restringida al pueblo de Israel, sino que está dirigida a toda la humanidad representada en unos extranjeros, los Magos. Es la Epifanía, la manifestación del anuncio de salvación a todos los pueblos.

En primer lugar analicemos la estrella, “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? (dicen los magos a Herodes) Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle” (Mt 2, 2). La estrella representa la llamada de Dios, es el mismo Dios, la Luz del mundo, quién sino Dios habría guiado a los Magos hasta el Mesías.

«Nos ha amanecido un día sagrado:

venid, naciones, adorad al Señor, porque

hoy una gran luz ha bajado a la tierra»

(dice la aclamación al Evangelio del día de Navidad)

Dios de Dios, Luz de Luz, rezamos en el Credo refiriéndonos a Jesús. La Luz de Cristo es portadora de Paz, de verdadera Paz, aunque para reconocerla, para acogerla, se necesita fe, se necesita humildad, la humildad de María y de José que creyeron y confiaron en Dios, la humildad de los pastores que escucharon el anuncio del Ángel y corrieron a adorar al Niño, la humildad de los Reyes Magos que dejaron sus casas para ir al encuentro del Dios hecho hombre y lo adoraron.

Pasemos ahora a los Magos, eran astrónomos, conocedores de las Escrituras, hombres de ciencia en un sentido amplio, pero abiertos a revelaciones y llamadas divinas. La estrella y las Sagradas Escrituras fueron las dos luces que guiaron su camino. Son auténticos buscadores de la Verdad, conjugan inteligencia y fe.

Juan Pablo II nos recuerda en su encíclica Fides et Ratio: “La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo”.

Recuerdo una ocasión en que un franciscano muy querido en Jumilla, el Padre Ángel, me instaba a permanecer en la fe, me dijo: Juan, entre los médicos conozco grandes creyentes y grandes ateos, confío que tú seas siempre de los creyentes.

¡Qué triste realidad!, parte de la sociedad quiere apartar a Dios de nuestras vidas, creen que todo lo puede explicar la ciencia, el conocimiento y rechazan a Dios.

Los Reyes Magos reciben la llamada de Dios en aquella estrella y no dudan en seguirla, se ponen en camino, pero lejos de considerarse autosuficientes por su saber, están abiertos a revelaciones y llamadas divinas. En su camino también hay un momento de oscuridad, de confusión, pierden la estrella y no dudan en pedir ayuda, en buscar las profecías. Es entonces cuando visitan a Herodes y escuchan a los sacerdotes y escribas que les indican que deben dirigirse a Belén. Cuando vuelven a ponerse en camino encuentran de nuevo la estrella, encuentran de nuevo a Dios.

Otra virtud de los Magos, es su gran humildad; cuando la estrella se detuvo sobre el lugar donde estaba el Niño, dice Mateo: “vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron” (Mt 2,11). Los Magos, sabios, poderosos, ricos, en busca del futuro Rey de Israel, encuentran a un niño pobre, en un pesebre, y en lugar de desilusionarse o incluso de escandalizarse, se pusieron de rodillas y le adoraron, en un acto de sumisión y le ofrecieron sus presentes: oro, incienso y mirra.

Todavía cabe destacar un aspecto más de los Magos, “avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino”, dice Mateo (Mt 2, 12). Después de encontrarse cara a cara con Dios, su vida se transforma, su camino nunca será el de antes. San Agustín en uno de sus sermones escribe: “También nosotros, reconociendo en Cristo a nuestro rey y sacerdote muerto por nosotros, lo honramos como si le hubiésemos ofrecido oro, incienso y mirra, nos falta sólo dar testimonio de Él tomando un camino distinto del que hemos venido” (Sermón 202. In Epiphania Domini, 3,4).

Fijémonos ahora en los pajes, hombres y mujeres que en silencio, en segunda fila, sin protagonismo realizan una labor de apoyo necesaria e imprescindible. Sin su ayuda los Reyes no podrían llegar a Belén, ni transportar sus presentes, ni ofrecer al Niño sus regalos. Cuántas personas son necesarias también hoy día, para ayudar en las obras de Dios.

Una reflexión también sobre Herodes, el personaje poderoso y cruel, que no dudará en eliminar, sin contemplaciones, todo aquello que suponga un obstáculo en su camino, aunque sean vidas inocentes. En el mismo corazón de la Navidad nos encontramos la matanza de los inocentes. Un episodio que por su crueldad, solemos pasar por alto para que no nos moleste. Herodes tras la conversación con los Magos cree que su trono está en peligro y toma una decisión absurda e inhumana que introdujo el dolor en el misterio navideño, pero que debemos encontrarle sentido ya que, como creyentes, somos conscientes de que forma parte del misterio revelado. Matar al hombre es matar a Dios. Cuántas decisiones así se siguen tomando hoy día con los inocentes del siglo XXI.

Pero ¿en estos personajes los Magos, los pajes y Herodes podemos encontrar todos los estereotipos del hombre de hoy? Evidentemente no, queda un grupo importante de personas que no estarían recogidas en ellos y que se pueden asimilar a otro de los protagonistas de la caravana de los Magos, ¿os preguntaréis qué personajes nos faltan? Los ausentes, los que no están en el Belén, todos los que vieron la estrella pero no acudieron a su llamada. Cuántos hombres y mujeres piensan que la llamada de Dios no va con ellos o, peor aún, apartan a Dios de sus vidas en un intento de acallar su reclamo, en palabras de San Agustín: “les sucedió como a los postes del camino, se quedaron inertes e inmóviles” (San Agustín, Sermón 199 In Epiphania Domini, 1,2) viendo pasar a los demás.

La importancia de los Reyes Magos en nuestra cultura, su ilusión, su magia, trasciende del Belén, se les queda pequeño ese espacio inanimado que comparten con el resto de figuritas y desde allí se proyectan a nuestras casas, a nuestros pueblos, a nuestra sociedad. Como perpetuación de la generosidad de los Magos al ofrecerle sus regalos a Jesús, todos los años, el 6 de enero, vuelven los Reyes Magos a nuestros hogares. Ellos ofrecieron al Niño lo mejor que tenían, cada uno de nosotros deberíamos mirar en nuestro interior y buscar qué es lo mejor que tenemos para ofrecer, cuál es nuestro oro, incienso o mirra para dar a los demás.

La noche de Reyes es para muchos niños una noche mágica y para sus padres una noche maravillosa donde los Reyes hacen posible que los hijos alcancen sus ilusiones. Esas ilusiones que los niños piden en su carta y entregan confiados a los pajes o a los mismos Reyes. Y con la esperanza de recibir sus regalos preparan en sus casas pequeños presentes: un vasito de licor y dulces para Sus Majestades, agua y un poco de paja para los camellos.

La evocación de los Reyes Magos nos traslada a la infancia y nos regala una gran energía renovadora. Recuerdo cómo vivía de niño ese cosquilleo interior escribiendo y enviando la carta, dejando los zapatos bien limpios en el balcón, que yo trataba de dejar entreabierto para facilitar su entrada y los nervios de la espera, aquella noche en la que debíamos dormirnos pronto y el sueño parecía no llegar nunca. Años más tarde recuerdo cómo mantenía la ilusión de mis hermanos.

En los años de mi juventud la Noche de Reyes siguió siendo noche de fiesta, de reunión de amigos, de sorpresas; puedo recordar escenas, anécdotas, lugares, todo con un denominador común: Santi y los amigos, nuestros amigos de siempre, ésos que hoy también están aquí.

Más tarde como padre he disfrutado, todavía más con mis hijos, preparando y escribiendo la carta, escuchando sus anhelos y sus deseos cuando eran pequeños, ayudándoles a entender el significado de los Reyes Magos, asistiendo a la cabalgata de Reyes. Y ahora ya mayores guardando en secreto regalos y obsequios, manteniendo la ilusión y el misterio del seis de enero. Vivir los Reyes con nuestros hijos, ver la expresión de sus rostros, es una de las mayores satisfacciones que nos depara la vida.

Voy a finalizar mi pregón haciendo con todos vosotros un pequeño ejercicio de imaginación, ¿qué creéis que nos dirían los Reyes Magos si ellos nos escribieran a nosotros una carta? Si contestasen a nuestras peticiones dirían así:

CARTA DE LOS REYES MAGOS A LOS JUMILLANOS

Queridos jumillanos:

Hemos leído todas las cartas que nos habéis enviado este año, nos ha sorprendido y conmovido ver que todos pedís lo mismo. Así que hemos decidido que sí, que lo tendréis: os llevaremos FELICIDAD.

Aunque algunos la habéis pedido con otros nombres: alegría, amor, esperanza, amistad, libertad, trabajo…

Pero ¿una Felicidad total? No. Y no porque no queramos llevárosla, sino porque no existe felicidad plena y total en la tierra. Así que en el 2011 tendréis Felicidad, pero haceos a la idea de que también, en algún aspecto encontraréis falta de felicidad.

Sabed que la Felicidad es un juguete muy caro y delicado, en realidad más que un juguete es un instrumento, una herramienta, un estado de espíritu, una forma de ser. Por eso os aconsejamos que sigáis este manual de instrucciones:

- No le tengáis miedo y empezad a usarla desde ya mismo.

- No os canséis de ella a los cuatro días, como habéis hecho con tantos juguetes.

- No la guardéis escondida, porque no se desgasta al usarla.

- No la desarméis para ver qué hay dentro.

- No le quitéis ninguna pieza, ya que sólo funciona entera.

- No se os ocurra romperla ni tirarla lejos.

- No pongáis en su caja ninguna otra cosa.

- No dejéis que os la roben ni estropeen, tampoco estropeéis vosotros la de los demás.

- Dejad que juegue con ella todo el que quiera.

En definitiva cuidadla y haced que os dure. Si es así, el año próximo os traeremos más.

Melchor, Gaspar y Baltasar. 

Gracias a todos por haber compartido este momento tan importante y significativo para mí. Deseo que este año vivamos en comunión el misterio de Belén, este abrazo que se dan el cielo y la tierra en la divinidad humanizada del Niño.

Os deseo de todo corazón: ¡FELIZ NAVIDAD!

Jumilla, III Domingo de Adviento

12 de diciembre de 2010

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